Inventario Nacional de Glaciares: los números oficiales que deberían ordenar el debate
- Maria Virginia Diaz Marcano
- hace 7 horas
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Foco temático: cifras y hechos verificables (inventario 2018, actualización 2024, datos abiertos), con método y límites. El inventario oficial publicado en 2018 registró 16.968 cuerpos de hielo y 8.484 km2 de superficie. La actualización más reciente publicada (Andes Desérticos) muestra caídas relevantes en variables de hielo/nieve y se presenta como actualización regional, no como “dato nacional”. Sin inventario y datos de calidad, el debate legal se vuelve un choque de slogans. El Inventario 2018 es el baseline oficial: 16.968 cuerpos y 8.484 km2.
Los datos del inventario están disponibles como dataset en datos.gob.ar (resumen por subcuenca).
En áreas protegidas nacionales, un cruce oficial reporta “poco más de 2.000 glaciares” y >300.000ha; PN Los Glaciares concentra 292.300 ha y 863 glaciares.
La actualización Andes Desérticos se publica por resolución (142/2024) y con informe técnico accesible.
IANIGLA desmintió cifras “nacionales” no oficiales y recordó que los datos oficiales recientes son regionales (Andes Desérticos).

En la discusión por la reforma de la Ley de Glaciares hay un riesgo que se repite: debatir definiciones sin mirar el mapa, o pelear por la palabra “periglacial” sin contar primero cuánta agua sólida tenemos y dónde está. Para salir de esa trampa, hay un punto de partida inevitable: el Inventario Nacional de Glaciares oficial publicado en 2018.
Ese inventario —en su resumen ejecutivo— reporta 16.968 cuerpos de hielo relevados y 8.484 km2 de superficie total (sumando cordillera e islas del Atlántico Sur). También explica para qué sirve: responder preguntas básicas (cantidad, superficie, ubicación) y habilitar políticas públicas basadas en evidencia.
¿De dónde sale ese número? Del trabajo de identificación, mapeo y caracterización en 69 subcuencas, organizado por regiones, con entrega de informes y mapas que luego se integran en una publicación oficial por resolución. Eso importa porque el inventario no es un “paper” suelto: es un instrumento previsto en la ley y publicado por acto administrativo.
Segundo dato clave: esos resultados no están escondidos. El Estado los puso a disposición como dataset público en datos.gob.ar: una tabla por subcuenca con área englazada e información resumida, construida a partir de los 69 informes del Inventario. Para periodismo y ciudadanía, esto es oro: permite cruzar subcuencas con proyectos, áreas protegidas, catastros y denuncias.
Tercer dato: el inventario también se puede “cruzar” con otras capas oficiales. En 2025, el Sistema de Información de Biodiversidad (APN) publicó un análisis que superpone la capa del inventario con límites de áreas protegidas nacionales. El resultado: ocho áreas protegidas contienen poco más de 2.000 glaciares; y el Parque Nacional Los Glaciares, por sí solo, concentra 863 glaciares y 292.300 hectáreas de ambiente glaciar dentro del sistema. Esto no es un adorno turístico: es evidencia de que la protección real ya existe en parte gracias a áreas protegidas, y que cualquier debilitamiento del piso legal puede reactivar conflictos donde hoy hay resguardos consolidados.
El cuarto dato es el que define la actualidad: la actualización del inventario. En 2023, el Ministerio de Ambiente actualizó los procedimientos para tramitar y validar actualizaciones del inventario (Res. 477/2023), y en 2024 se publica la actualización regional Andes Desérticos (Res. 142/2024), con anexos técnicos (informe, mapa, shapefiles) de acceso libre. La propia norma autoriza la publicación en el sitio del inventario para acceso público.
Y hay un punto que conviene subrayar en lenguaje simple: “actualización” no significa “número nacional nuevo”. Por eso, cuando en 2025 circularon afirmaciones de pérdida nacional sin respaldo, el instituto técnico emitió un comunicado: aclaró que esa cifra era falsa y que los datos oficiales más recientes corresponden a la actualización regional Andes Desérticos. Incluso reportó métricas puntuales (reducción del 17% en hielo descubierto, 23% en manchones de nieve y pérdida de 7 metros de agua equivalente en un glaciar monitoreado entre 2014 y 2023). Esta es una lección de método: si no distinguimos “dato regional” de “dato nacional”, el debate se contamina y se vuelve propaganda.
Entonces, ¿qué debería ordenar el debate legislativo? Tres preguntas concretas que el inventario permite responder (y que cualquier reforma debería respetar): 1) ¿Se fortalece o se debilita el rol del inventario como herramienta pública de control? 2) ¿Se garantiza actualización periódica con procedimientos claros y recursos?
3) ¿Los datos quedan abiertos para que sociedad, universidades y periodistas puedan controlar? 51Sin esas respuestas, la discusión se reduce a “minería sí/minería no” y eso es incompleto. Lo que está en juego es el agua: el inventario es la brújula que permite discutir con evidencia y no con intuiciones. Si vas a opinar sobre la Ley de Glaciares, apoyate en el inventario oficial y pedí que cualquier dictamen cite datos, mapas y metodología. Sin datos abiertos, no hay control social.




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